Siempre el mismo tema, y cuando sales, y cuando te invitan a comer…Y ahora más con fiestas.
Esta Navidad ha sido un tanto especial para mí. Me he dado cuenta de lo simple que puede resultar compartir una comida familiar “normal”.
Este año llevé a casa de mis padres comida de la mía, un cocido “escudella” vegana (ver en apartado recetas de la web). Había sopa, garbanzos, verdura y “pilota” de seitán. Y además llevé postres “macro”. Por tanto, solucionado para mí, seguro que iba a comer a gusto. Pero no sólo lo hago por mí, también me gusta mostrar a mi propia familia lo mismo que a mis clientes o a través de internet al mundo entero, que es posible comer con placer sin grasas saturadas, colesterol, azúcar…es decir, con el doble placer del paladar y saber que te estás cuidando.
¿Y qué pasó? Pues que les gustó la sopa, “está rica”, decían. Probaron los garbanzos y les gustó, sabían a garbanzos y la pilota…bueno, pasó sin pena ni gloria. Lo que no tocaron casi nada fue la verdura, menos mi padre que decía que el repollo estaba bueno. Qué pena. Sin comentarios.
Por otra parte, mi madre tuvo el detalle de preparar arroz integral con verduritas, todo se ha decir. Está claro que lo hizo por complacerme, lo curioso es que casi nadie se sirvió. Preferían pan para mojarr en el caldo de asado de pato.
Y sobre el pato, me serví guarnición de ciruelas, castañas, setas…que eso sí me gusta, lástima que estuviera demasiado aceitoso, y se notó a la hora de digerirlo.
Y a por los postres…hice dos. Los probaron y…la definición “es otro concepto”. Como diciendo, está bueno, pero no está dulce. Claro, para ellos no está dulce, como la mayoría de gente tienen adulterado el paladar de tanto comer de extremos salados y azucarados. Así que enseguida optaron por la opción B de la mesa, pastelitos típicos super dulces y llenos de grasa.
Yo por supuesto con los míos estaba más que satisfecha. Fue un gran momento. La prueba final. Esos pastelitos de la mesa siempre me han gustado, te los comes, te da un subidón y a continuación quieres más y más. Bueno, esa es mi experiencia personal.
La cuestión que esta vez ya no me decían nada. Prefería de verdad más los míos naturales y no por la simple y racional razón de que son indudablemente más sanos, si no porque de verdad me gustan más. Esto es un gran triunfo y una gran satisfacción. Que te hayan criado a base de kilos de azúcar y te hayas desenganchado totalmente. Atención, no de DULCE, que me encanta el dulce, ni no del pernicioso azúcar.
Conclusión final. La gente “normal” se autoproclaman libre de comer lo que quieren. Muy bien. Pues libertad para todo el mundo. Se libre. Libre de verdad. Come lo quieras, que sea tu decisión. Si quieres comer…x (dentro de lo poco saludable), cómelo si te apetece, pero no porque los demás quieran que tú comas. Si ellos no quieren comer verdura, tú no les vas a coaccionar, ¿no?
Pues lo dicho, libertad para todo el mundo, libertad para todos los gustos, libertad para autodestruirse lentamente y libertad para cuidarse y vivir una vida más feliz y en armonía.
Y como dicen, de todo se aprende, aunque hay gente que perece no aprender de nada, este es mi pequeño testimonio de un día de mi vida.
Felices fiestas
raquel